Recuerdos del jubileo: 800 OP Suma y Sigue

1 March 2008

Crónica de un acontecimiento “único cada 800 años”

Caleruega, 20-21 octubre 2007

Día 20 de octubre de 2007. Una espléndida tarde, bajo el límpido cielo azul que caracteriza la meseta castellana. El jardín de los frailes y la huerta de las monjas de Caleruega bullen en plena actividad. Centenares de personas, en su inmensa mayoría chicos y chicas, venidos desde todos los puntos de España pululan de un lugar a otro. Unos, recién llegados son orientados a hacia la carpa de recepción, donde reciben la bienvenida y su acreditación, para su posterior alojamiento; otros, se afanan en montar la tienda de campaña en la huerta de las monjas; otros simplemente divagan por un lado y por otro, curioseando, a la espera de ver en qué para todo.

Pero sobre todo, es un momento de encuentro y de reencuentro (con personas y con lugares, y también con uno mismo en experiencias pasadas), de saludos y abrazos, donde la Familia Dominicana se ha hecho patente en su más pura materialización; todos, colaborando codo con codo en un interés común. Si de alguna forma se puede definir esto que estamos viviendo, es, sin duda, el Día de la Familia.

Pero ya son las cinco, la hora en que todo da comienzo. Nos espera una intensa jornada que no va a detenerse hasta dentro de 22 horas, con el almuerzo del día siguiente... ¿resistiremos? Vamos allá, comencemos, y la mejor forma de dar la bienvenida a los visitantes es enseñarles el lugar para que se sientan en su casa. En grupos, hasta la siete de la tarde, guiaremos a chicos y adultos por los lugares más relevantes de Caleruega, donde los frailes de la casa nos introducen en el entrañable significado de los mismos. Sucesivamente, vamos pasando por el Torreón, cuya recia constitución cambiamos por la luminosa delicadeza de las vidrieras del coro; a continuación a través de la plaza del pueblo, dirigimos nuestros pasos a la casa de las monjas, comenzando por la Iglesia, donde se nos explica la convocatoria (800 años de la primera fundación de Santo Domingo: las monjas, nuestras monjas); sumergidos en la penumbra de la cripta, la etapa más emotiva de este viaje al origen, recibimos, en recogido silencio, el bautismo en el dominicanismo, bebiendo del agua que mana del mismo lugar en que se nos dice que Santo Domingo nació, y acogiendo un pasional y estimulante testimonio de vida dominicana de boca de uno de los frailes. Vueltos a la luz de la tarde, observamos de nuevo el cielo, ya con el sol caído, abierto sobre este sagrario de silencio y oración que es el armonioso claustro del monasterio, lo que da pie a introducirnos en este primer fermento de la Familia Dominicana.

Pero no podemos detenernos, son ya las siete de la tarde, y mientras unos corren a tomar ropa de abrigo, pues el frío de la estepa castellana comienza a asomar, otros se apuran en adquirir un dulce recuerdo en el locutorio de la monjas, antes de acudir, en masa, al frontón que el Ayuntamiento de Caleruega ha tenido la amabilidad de prestarnos.

Mi grupo es el último en llegar: nada más traspasar la puerta nos alcanza el ruido del gentío, sentado alrededor de los organizadores, entregados al objetivo de hacer de este día un día de familia; y nos hacen sentir familia, mientras aplaudimos al nombre de nuestro lugar de procedencia: 431 personas venidas de todos los puntos de España y de Portugal, también hay gentes de África, de Asia, de América; somos grupos de diversa procedencias: parroquias, colegios, grupos de jóvenes, asociaciones diversas...; somos de todas las ramas: seglares, numerosas congregaciones de hermanas, MJD, frailes...; y todos reunidos en una ocasión única.

Hechas las pertinentes presentaciones y trasmitida la información acerca de lo que nos espera, cada cual, tras la pancarta que corresponde sigue caminos diversos ya, en el convento de los frailes, en búsqueda del lugar destinado a cada uno de los talleres organizados. Hasta 20 talleres ocuparán lo que resta de tarde, antes de la cena; 20 talleres, preparados por voluntariosos miembros de la Familia, que tratan de recorrer, en su diversidad, la riqueza con que Dios ha bendecido la obra de Santo Domingo. El tiempo se nos ha quedado corto, ¡hay tanto que decir!

Entre diálogo de pasillos, comentando las experiencias, nos dirigimos a la carpa instalada en la huerta, carpa multifunciones, que tanto sirve para acoger a esta especie de peregrino dominicano, como para distribuir una sustanciosa y abundante cena caliente, que nutre el estómago y calienta el cuerpo, en lo que va a ser una fría noche castellana. Después, tiempo libre, mientras la noche va entrando y preparando el ambiente adecuado para la oración que nos aguarda en el claustro de las monjas.

Son las once y media de la noche, ya entrando en el domingo. El frío va recrudeciéndose, pero los muros del viejo claustro de las monjas nos protegen del viento, mientras uno de los grupos organizadores trata de encendernos el calor del Espíritu con una bellísima armonía de música, danza, imagen y la Palabra que dan cumplido homenaje al espacio que ocupamos.

Nos espera toda una noche, enmarcada entre dos momentos de oración, éste a la medianoche y otro al amanecer. Cuatro espacios han sido previstos para ocuparla. Cada uno podrá elegir en cada momento el espacio en el que quiere estar y participar. Un espacio lúdico, en el polideportivo de Caleruega, impregnará toda la noche de bullicio y fiesta, con un nutrido y variado programa: concursos, dramatizaciones (como la del sermón de Montesinos), danza, juegos, etc., organizados por animosos miembros de la Familia. Un espacio se ha habilitado para actividades de Internet; también un lugar para la tertulia, en la llamada Carpa del Encuentro; y como el Espíritu tampoco duerme hoy, el Coro de las monjas acoge un espacio para la oración a través de los Modos de Orar de Santo Domingo. Y si el hambre o el frío aprietan, como de hecho así es, un café o un chocolate caliente con generosos dulces nos aguarda a cualquier hora en la tienda del Encuentro. Y cuando el sueño acosa, quien lo desea se retira al legítimo descanso. Pero no por mucho tiempo.

Al fin amanece. La helada comienza a levantar. Aún es de noche cuando somos convocados a recibir el nuevo día con una marcha-oración. Desde la Iglesia de las monjas, cual romería, una masa de gente acompaña a la imagen de Santo Domingo en un Vía Lucis que nos hace recorrer buena parte del lugar, a través de testimonios de vida procedentes de cada una de las ramas de la Familia. El sol hace su aparición triunfante en medio de la marcha, haciendo camino con nosotros.

Un abundante desayuno servido en la carpa habilitada al efecto nos devuelve a la vida, mientras el sol va tomando fuerza y nos calienta con su sonrisa. Es el momento de comentar los avatares de la noche. Mirando las caras, es fácil descubrir los que se han beneficiado de unas horas de sueño. Pero es hora de empezar a moverse. Mientras la mayoría se dirige al frontón a preparar y ensayar la Eucaristía con que concluirá el Encuentro, algunos comienzan a recoger.

Son las once y media de la mañana. Las campanas han sonado. Las puertas de la iglesia de las monjas están abiertas de par en par. Despues de encontrar un lugar, veo cerca de mí, algo más adelante, entre miembros del MJD a los provinciales de los frailes y de algunas hermanas, apoyando con su presencia el acontecimiento. Mezclados entre la multitud de jóvenes, veo a frailes, religiosas de diversas congregaciones, miembros de nuestro laicado y a la buena gente de Caleruega, tan afecta a Santo Domingo, en una auténtica comunión dominicana.

Al comienzo de la ceremonia, que se promete entusiasta, algunas monjas, la madre priora y las dos hermanas más jóvenes, queriendo aportar su cercanía física a ese clima de comunión avanzan desde el coro, en el fondo de la iglesia, hacia el presbiterio. La sigue por el pasillo central la procesión. El celebrante, fray Oscar Jesús, se dirige al altar acompañado no por una comitiva de sacerdotes, sino por jóvenes y adultos que, irán colocándose en el presbiterio, a guisa de presidencia. Todo está pensado y medido, ningún signo está fuera de lugar, preside la Familia Dominicana al completo.

Todos los cantos han sido compuestos para la ocasión y ensayados previamente para su interpretación en la celebración. Una nueva comitiva se acerca al presbiterio, entre danzas, acercándonos la Palabra. La oportuna y expresiva predicación recoge los ochocientos años de experiencia predicadora de la Familia y la lanza a nuestro futuro en un "suma y sigue" que nos implica a todos. Los signos se suceden, en el ofertorio, las peticiones..., en una extraordinaria participación que a nadie excluye.

No faltan los momentos emotivos y de agradecimiento, con regalo incluido: a quienes han acogido, representados por el prior de Caleruega, a la Priora del Monasterio, a la superiora de las hermanas que mantienen la Casa de Espiritualidad...,y por supuesto al pueblo de Caleruega. También a quienes han llevado la principal carga de organizar este acontecimiento (cuyo extraordinario nivel no ha dejado de asombrar), el Equipo PJV de la Familia Dominicana. Pero es la fiesta de todos y hay regalos para todos: una cruz blanca y negra, con unos puntos suspensivos, para que no olvidemos que esto sigue.

Al salir ochocientos globos blancos y negros corren hacia el cielo en precipitada carrera, arrastrando con ellos nuestros pensamientos: “han pasado ochocientos años, ochocientos años concentrados en menos de un día, y esto sigue...” Hoy ha quedado demostrado.

Después, con la comida las despedidas, a algunos les queda el trabajo de recoger, otros nos vamos rápido pues queda mucho viaje. En el camino muchos pensamos: "no sólo mereció la pena, sino la alegría”.

Para más información: http://www.dominicos.org/800op/wiki/index.php

Un joven dominico


 

¡Como tengamos que esperar otros 800 años, vamos apañaos!

Me parece que esta frase resume lo que allí vivimos unas 430 personas de toda España y Portugal, y de otros muchos lugares del mundo. En 24 horas se intentó condensar el espíritu de Domingo. Como hermanos, en fraternidad, oramos, aprendimos, predicamos y nos divertimos.

Oí en una conferencia sobre vida religiosa, que el mejor modelo de trabajo entre distintas congregaciones era el de la Familia Dominicana. Doy fe de ello. Ha sido un trabajo en familia. Todos hemos trabajado, todos sabíamos lo que teníamos que hacer y cuándo lo teníamos que hacer. A1 frente de esta orquesta, como se decía en la eucaristía de clausura, se encontraba el Equipo PJV (Óscar y Pilar) que con buenos conocimientos dirigieron la orquesta hasta el final de la bella sinfonía. Y es que no hay sinfonía sin el trabajo en conjunto, sin la fraternidad que nos une, sin opción que hagamos, sin amor que pongamos.

Todos pusimos lo que somos y lo que tenemos para abrazar con el corazón a unas sencillas mujeres que llevan 800 años al servicio de la Palabra, y que nos siguen enseñando cual es el enfoque contemplativo de la predicación.

Fray José Rafael Reyes, OP